El wólfram es un metal pesado cuyo descubrimiento se adjudica a los hermanos españoles Fausto y Juan José de Elhuyar en 1783, inclusive la etimología de su nombre sueco, de origen germánico significa “tung” pesada, y “sten”, piedra o roca, dando cuenta de su elevado peso específico. Las rocas de wolframita ya eran conocidas en Alemania de ahí que aun se lo denomina con los dos nombres en forma indistinta, tungsteno o wolframio.
La minería del tungsteno en Bolivia tiene una interesante historia que comenzó a principios del siglo veinte, aunque los primeros registros de explotación de minerales de wólfram, en esas primeras épocas casi siempre asociados al estaño, hablan de Don Honorato Blacutt, quien en 1872 comienza explotaciones en la zona de Llallagua. De ahí a fines de la segunda guerra mundial el wólfram fue trabajado por muchas empresas al mando de emprendedores como los franceses hermanos Bebin que explotaron minas en Potosí desde 1904, el geólogo irlandés Juan Minchin quien desarrollo el distrito Animas; Don José Bueno quien en 1878 descubrió los yacimientos de Viloco, y los escoceses Penny y Duncan, mineros y comercializadores radicados también en 1890 en Oruro, quienes trabajaron minas en Morococala y Santa Fe en la provincia Dalence.
Don José Enrique Soria, es considerado uno de los grandes pioneros de la minería de Bolivia, trabajó desde 1913 en Chicote Grande y Chicote Chico, en la provincia Inquisivi del departamento La Paz, considerados entre los distritos más ricos del mundo. También Don Manuel Mier y León, don José Murillo Gómez, ambos en la provincia Dalence en Oruro, Don Federico Thiel en Esmoraca, Potosí, y otros como el francés Pedro Artigue, Don Sergio Oporto, y Don Pastor Sainz, fueron otros pioneros del wólfram y el estaño en Bolivia.
Actualmente los distritos Bolsa Negra, Kami, Tasna y otros, bajo control de cooperativas que dan trabajo a casi 5000 mineros, producen unas 1200 toneladas anuales de concentrados que son exportados sin valor agregado alguno a través de comercializadores hacia estados Unidos y China.
El año 2010 es especialmente importante en la historia económica del tungsteno o wólfram. Desde inicio del año hasta Noviembre el precio internacional se ha incrementado en un 54%, y todo indica que el crecimiento va a ser sostenido. Ni aun en la escalada de precios de los metales del año 2007 previo al crack financiero internacional, el tungsteno había tenido tamaña evolución, y esto es algo a tener en cuenta.
Los motivos de esta escalada de precios del año 2010 son muy distintos y tienen que ver muchísimo con la situación del mercado de China, quien consume el 37% de la producción mundial de tungsteno, tal como sucede con el molibdeno y las “tierras raras”, como el niobio, tantalio, y otros metales de aplicación moderna.
Las autoridades chinas están en proceso de declarar como estratégicos diez metales entre ellos el tungsteno, esto pondrá al aparato de control oficial del estado sobre la explotación y la exportación de estos metales y será el propio gobierno quien realice un acopio en stocks de seguridad, en forma similar a la políticas que mantienen los Estados Unidos.
La restricción que se prevé es importante, para este año se pone un límite de 15,700 toneladas de tungsteno exportables desde China, contra los 16,000 toneladas del año pasado. Esto puede parecer una cantidad pequeña en términos de volumen sin embargo el rumbo firme de estas políticas ha empujado los precios en forma muy importante.
Todo hace prever que se seguirá el camino de las restricciones aplicadas a las tierras raras, las que alcanzan para este año el 72% de lo exportado en 2009, es decir que por cada mil kilos de estos metales, exportados desde China en 2009, solo se podrán exportar 280 kilogramos en 2011. Esto tiene dos factores previsibles, uno, que la suba de precios que se ve en los mercados es real y no meramente especulativa por parte de los traders, y otro, que la misma será sostenida, ya que las medidas chinas no son temporales, y más aun, serán progresivamente incrementadas.
El efecto combinado entre la reducción de exportaciones y el control estatal tendiente a la construcción de un stock estratégico de esos diez metales incluido el tungsteno, da a los productores alrededor del mundo una oportunidad única de abastecer mercados, habitualmente controlados por el gigante de Asia, ahora potencialmente desatendidos, y además, a excelentes precios. Los productos industrializados intermedios del wólfram o tungsteno son básicamente el ferro tungsteno para aplicación en la industria siderúrgica, el carburo, el oxido y el metálico. De todos ellos es el ferro tungsteno el que menor inversión y tecnología requiere, y puede marcar el camino de Bolivia hacia la industrialización de este preciado metal.
La Federación Nacional de Cooperativas Mineras, FENCOMIN cuenta ya con una planta terminada para comenzar a tratar 1200 toneladas de concentrados anuales y poder exportar hasta 800.000 kilogramos de ferro tungsteno anuales, esto significa poder procesar la totalidad de la producción actual de las cooperativas asociadas a dicha organización. Los precios del ferro tungsteno han evolucionado en los últimos diez meses desde 25 hasta los actuales 42 dólares por kilogramo.
La misma planta puede además producir ferromanganeso medio carbono, el cual tiene enorme requerimiento a nivel internacional y además actualmente cotiza a más de dos mil quinientos dólares la tonelada. Las ferroaleaciones son los medios utilizados para aportar metales que modifican y mejoran las propiedades de los aceros. Como ejemplo el ferrocromo y el ferroníquel se agregan para lograr aceros inoxidables, el ferro vanadio, el ferro molibdeno y el ferro tungsteno se agregan para lograr mayor resistencia y tenacidad. Otras ferroaleaciones ayudan a lograr aceros aptos para laminación, forjado, templado, cementación y tantas otras propiedades de la industria madre del desarrollo moderno, como es la siderurgia.
Esto representa una oportunidad muy importante para la minería de Bolivia, el camino de la industrialización es más posible que nunca, el escenario internacional es inmejorable en términos de mercados, sin embargo, es imprescindible lograr la cohesión de intereses de los actores involucrados, la exportación de tungsteno con valor agregado ofrecerá la posibilidad de obtener ingresos mucho mayores por unidad metálica extraída, siendo este el camino a la reinversión de recursos para ampliar reservas y tecnificar la minería de este importante recurso, en pos de mayor producción, con seguridad y respeto por el medio ambiente.
jueves, 22 de diciembre de 2011
MINERIA Y DESARROLLO EN BOLIVIA: LA LIMITANTE DEL AZUFRE
Comenzaremos diciendo que: el ácido sulfúrico es básicamente un ácido mineral producido a partir de
procesar azufre, convertirlo en gases, para luego hidratar esos gases con agua. Diremos también que
es el producto químico de mayor producción a nivel mundial, con alrededor de 170 millones de
toneladas anuales y que las implicaciones del ácido sulfúrico en la vida de las sociedades son muy
importantes, al punto que un indicador de desarrollo de los países es su consumo de ácido sulfúrico.
Uno de los grandes consumos es la producción de ácido fosfórico (Bolivia cuenta con fósforo
inexplotado), a partir del cual se producen fertilizantes para nuestros agro alimentos, frutos y verduras
que consumimos a diariamente, así como también jabones y detergentes, y otros cientos de productos
como las sales y los químicos que hacen nuestra vida diaria más fácil. Existen otros de aplicación tan
importante como el sulfato de aluminio utilizado en la potabilización del agua que consumimos a diario
en nuestras ciudades y el sulfato de cobre que controla plagas en cultivos en todo el mundo, en fin son
innumerables sus aplicaciones.
Esta corta reseña, pretende aportar algunos datos a fin de desmitificar al ácido sulfúrico como símbolo
de narcotráfico. Sin ánimo de hacer apología de ese terrible flagelo, debemos considerar que el
consumo de ácido sulfúrico en esa actividad es ínfimo y reemplazable y que sin embargo la
industrialización de Bolivia se encuentra limitada y postergada en muchas áreas, la falta de ácido
sulfúrico desalienta las inversiones y desarrollo que tanto necesita Bolivia.
Bolivia no produce ningún reactivo o químico de base sulfuros, todo se importa con un drenaje
económico enorme. En el año 2008 las importaciones de sulfato de cobre, sulfato de magnesio, sulfato
de aluminio, sulfato de hierro, sulfato de plomo, sulfato de cromo, sulfato de zinc, sumaron cerca de
USD 43,900,000. En el mismo periodo las importaciones de otros productos como fosfatos de calcio,
fosfatos de sodio y otros sulfatos, alcanzaron los USD 19,900,000.-
Es decir, Bolivia importó en el 2008 unos 65 millones de dólares químicos producidos con ácido
sulfúrico y que se podrían producir dentro del país, con solamente contar con producción nacional de
este ácido en cantidad y costos adecuados.
Bolivia país rico en cobre, fósforo, zinc, hierro, aluminio, plomo, con cantidades como para producir
prácticamente todos estos productos industriales, pero además Bolivia cuenta con enormes reservas
de azufre natural, explotable a bajo costo.
Esto tiene un enorme valor estratégico, la fuente de materia prima está asegurada por mucho tiempo,
aún con perspectivas de exportación, Bolivia tiene reservas tan enormes, que el consumo en la
producción de ácido no afectaría a las mismas, estudios de “GEOBOL” hablan de hasta 50 millones de
toneladas en 12 distritos, desde San Pablo de Napa hasta Cerro Michina y sobre todo el distrito
Susana, todos en la Cordillera Occidental
La producción de azufre natural, independiza el desarrollo de la industria de Bolivia de los vaivenes de
los precios del azufre catalítico, la mayor fuente de provisión de materia prima para la industria mundial
de ácido sulfúrico. La industria podría desarrollarse con previsibilidad ya que la fuente de materia prima
tiene una base de costo productivo independiente de los mercados internacionales y de la
especulación del petróleo.
La producción de cobre en prácticamente todas sus formas, se hace tratando los minerales con ácido
sulfúrico y este tema merece un análisis especial. El cobre se ha convertido en uno de los commodities
metálicos más importantes del mundo y su valorización no cesa de la mano de la industria eléctrica y
electrónica.
Bolivia cuenta con varias decenas de yacimientos identificados con potencial económico, sin embargo
el desarrollo no llega. Los países vecinos, Chile y Perú, actualmente primero y segundo productores
mundiales de cobre respectivamente, no cesan de habilitar yacimientos y plantas de cobre, mientras
tanto la escasez, los costos, los trámites y controles del ácido sulfúrico mantienen postrada la
producción boliviana de este, hoy valioso metal.
La producción mundial de cobre actualmente es de 15,6 millones de toneladas y la demanda no cede,
sosteniendo los precios internacionales. Si bien los recursos de Bolivia no son del volumen de los
vecinos citados, hay prospectos e inversores listos para poner en producción proyectos por 20 mil
toneladas anuales de cobre refinado, generando exportaciones al país por 140 millones de dólares
sólo en esta primera etapa.
La valoración del zinc es otra deuda pendiente en tecnología minera, esta podría generar importantes
recursos, la recuperación del zinc por vía hidrometalurgia, además del valioso Indio contenido en
muchos concentrados de Bolivia que se van para ser procesados en el exterior, son un anhelo que
requiere en gran medida del ácido sulfúrico para su concreción.
Finalmente y no menos trascendental, es el uso del ácido sulfúrico en la producción de fertilizantes.
Los superfosfatos simple, triple, el fosfato mono amónico, el fosfato di amónico, el sulfato de amonio, el
sulfato de manganeso, el sulfato de zinc y otros nutrientes y micronutrientes requieren del ácido
sulfúrico para su producción.
Algunos hechos son irrefutables como consecuentes: Bolivia tiene los más bajos rendimientos
agrícolas de América, la menor aplicación de fertilizantes por hectárea de América, Bolivia no alcanza
la meta de Soberanía y Seguridad Alimentaria, tiene los fertilizantes más caros de América, totalmente
importados pues no produce ninguno de ellos, y todos estos hechos tienen consecuencias graves en el
desarrollo del país.
Como se ve, hay varios aspectos involucrados, el ácido sulfúrico puede generar industrias de
sustitución de importaciones por decenas de millones de dólares y puede a la vez generar desarrollo
en la producción de alimentos e industrias de alto valor agregado de exportación.
El ácido sulfúrico debe ser en Bolivia, como en los otros países del mundo, sinónimo de desarrollo y
crecimiento, no de narcotráfico y corrupción.
procesar azufre, convertirlo en gases, para luego hidratar esos gases con agua. Diremos también que
es el producto químico de mayor producción a nivel mundial, con alrededor de 170 millones de
toneladas anuales y que las implicaciones del ácido sulfúrico en la vida de las sociedades son muy
importantes, al punto que un indicador de desarrollo de los países es su consumo de ácido sulfúrico.
Uno de los grandes consumos es la producción de ácido fosfórico (Bolivia cuenta con fósforo
inexplotado), a partir del cual se producen fertilizantes para nuestros agro alimentos, frutos y verduras
que consumimos a diariamente, así como también jabones y detergentes, y otros cientos de productos
como las sales y los químicos que hacen nuestra vida diaria más fácil. Existen otros de aplicación tan
importante como el sulfato de aluminio utilizado en la potabilización del agua que consumimos a diario
en nuestras ciudades y el sulfato de cobre que controla plagas en cultivos en todo el mundo, en fin son
innumerables sus aplicaciones.
Esta corta reseña, pretende aportar algunos datos a fin de desmitificar al ácido sulfúrico como símbolo
de narcotráfico. Sin ánimo de hacer apología de ese terrible flagelo, debemos considerar que el
consumo de ácido sulfúrico en esa actividad es ínfimo y reemplazable y que sin embargo la
industrialización de Bolivia se encuentra limitada y postergada en muchas áreas, la falta de ácido
sulfúrico desalienta las inversiones y desarrollo que tanto necesita Bolivia.
Bolivia no produce ningún reactivo o químico de base sulfuros, todo se importa con un drenaje
económico enorme. En el año 2008 las importaciones de sulfato de cobre, sulfato de magnesio, sulfato
de aluminio, sulfato de hierro, sulfato de plomo, sulfato de cromo, sulfato de zinc, sumaron cerca de
USD 43,900,000. En el mismo periodo las importaciones de otros productos como fosfatos de calcio,
fosfatos de sodio y otros sulfatos, alcanzaron los USD 19,900,000.-
Es decir, Bolivia importó en el 2008 unos 65 millones de dólares químicos producidos con ácido
sulfúrico y que se podrían producir dentro del país, con solamente contar con producción nacional de
este ácido en cantidad y costos adecuados.
Bolivia país rico en cobre, fósforo, zinc, hierro, aluminio, plomo, con cantidades como para producir
prácticamente todos estos productos industriales, pero además Bolivia cuenta con enormes reservas
de azufre natural, explotable a bajo costo.
Esto tiene un enorme valor estratégico, la fuente de materia prima está asegurada por mucho tiempo,
aún con perspectivas de exportación, Bolivia tiene reservas tan enormes, que el consumo en la
producción de ácido no afectaría a las mismas, estudios de “GEOBOL” hablan de hasta 50 millones de
toneladas en 12 distritos, desde San Pablo de Napa hasta Cerro Michina y sobre todo el distrito
Susana, todos en la Cordillera Occidental
La producción de azufre natural, independiza el desarrollo de la industria de Bolivia de los vaivenes de
los precios del azufre catalítico, la mayor fuente de provisión de materia prima para la industria mundial
de ácido sulfúrico. La industria podría desarrollarse con previsibilidad ya que la fuente de materia prima
tiene una base de costo productivo independiente de los mercados internacionales y de la
especulación del petróleo.
La producción de cobre en prácticamente todas sus formas, se hace tratando los minerales con ácido
sulfúrico y este tema merece un análisis especial. El cobre se ha convertido en uno de los commodities
metálicos más importantes del mundo y su valorización no cesa de la mano de la industria eléctrica y
electrónica.
Bolivia cuenta con varias decenas de yacimientos identificados con potencial económico, sin embargo
el desarrollo no llega. Los países vecinos, Chile y Perú, actualmente primero y segundo productores
mundiales de cobre respectivamente, no cesan de habilitar yacimientos y plantas de cobre, mientras
tanto la escasez, los costos, los trámites y controles del ácido sulfúrico mantienen postrada la
producción boliviana de este, hoy valioso metal.
La producción mundial de cobre actualmente es de 15,6 millones de toneladas y la demanda no cede,
sosteniendo los precios internacionales. Si bien los recursos de Bolivia no son del volumen de los
vecinos citados, hay prospectos e inversores listos para poner en producción proyectos por 20 mil
toneladas anuales de cobre refinado, generando exportaciones al país por 140 millones de dólares
sólo en esta primera etapa.
La valoración del zinc es otra deuda pendiente en tecnología minera, esta podría generar importantes
recursos, la recuperación del zinc por vía hidrometalurgia, además del valioso Indio contenido en
muchos concentrados de Bolivia que se van para ser procesados en el exterior, son un anhelo que
requiere en gran medida del ácido sulfúrico para su concreción.
Finalmente y no menos trascendental, es el uso del ácido sulfúrico en la producción de fertilizantes.
Los superfosfatos simple, triple, el fosfato mono amónico, el fosfato di amónico, el sulfato de amonio, el
sulfato de manganeso, el sulfato de zinc y otros nutrientes y micronutrientes requieren del ácido
sulfúrico para su producción.
Algunos hechos son irrefutables como consecuentes: Bolivia tiene los más bajos rendimientos
agrícolas de América, la menor aplicación de fertilizantes por hectárea de América, Bolivia no alcanza
la meta de Soberanía y Seguridad Alimentaria, tiene los fertilizantes más caros de América, totalmente
importados pues no produce ninguno de ellos, y todos estos hechos tienen consecuencias graves en el
desarrollo del país.
Como se ve, hay varios aspectos involucrados, el ácido sulfúrico puede generar industrias de
sustitución de importaciones por decenas de millones de dólares y puede a la vez generar desarrollo
en la producción de alimentos e industrias de alto valor agregado de exportación.
El ácido sulfúrico debe ser en Bolivia, como en los otros países del mundo, sinónimo de desarrollo y
crecimiento, no de narcotráfico y corrupción.
MINERIA Y DESARROLLO EN BOLIVIA:EL WOLFRAM Y LA OPORTUNIDAD PERDIDA
Hemos analizado en esta columna, siempre con entusiasmo, las alternativas de desarrollo minero y metalúrgico de Bolivia. Nuestra visión siempre ha sido positiva y con amplia expectativa y optimismo.
Sin embargo hoy, una sumatoria de factores hace que nuestra visión sea un tanto más pesimista, viendo que Bolivia pierde la oportunidad de la que hablamos tiempo atrás, respecto a la industrialización del wólfram o tungsteno.
EL MERCADO INTERNACIONAL
En términos de mercado internacional, la oportunidad del wólfram (titulo de nuestra anterior columna) es hoy más fuerte que nunca. Al momento de comenzar nuestro seguimiento y estudio de este metal en Bolivia, solo dos años atrás, su costo en los mercados internacionales se ubicaba en el orden de US$ 110 por MTU, para el caso del mineral y US$ 170 para el APT (paratungstato de amonio) por sus siglas en ingles, que es el mayor indicador mundial de precio de este metal.
La evolución en los dos últimos años ha sido impresionante, el APT pasó a alcanzar un precio de US$ 261 por MTU en octubre de 2010, y actualmente su precio es de US$ 485 por MTU, rompiendo con todos los pronósticos y previsiones.
El mineral es siempre una base de este indicador, y los compradores internacionales reportan compras por concentrados de wólfram del 70% de WO3 (trióxido tungstico), es decir tal cual como se producen en Bolivia, por US$ 320 por MTU. Es fácil ver que estos precios significan en bolivianos, unos Bs. 225 por kilogramo, una cifra varias veces superior a los Bs 70 o 75 que cobran los productores de manos de los comercializadores, que manejan a su antojo el mercado interno en Bolivia, esos precios aun previos al descuento de impurezas, humedad y diversos discutibles factores.
El Ministerio de Minería y Metalurgia del estado Plurinacional de Bolivia, publica desde tiempo atrás, un precio oficial de US$ 142,24 por MTU. Lamentablemente esto da margen de maniobra a los intereses que operan dentro de Bolivia, que compran a precios viles y venden en el exterior esos concentrados sin ningún valor agregado industrial, a precios superiores a los US$ 300 por MTU, dejando una vez más, postergados a los abnegados mineros en sus parajes.
ALGUNOS MOTIVOS DE LA ESCALADA DE PRECIOS
China sufre restricciones en su producción, minas derrumbadas por sobre explotación, baja de reservas, etc., y debió por ende restringir la exportación de wólfram a fin de dar sustento a su mercado interno, ávido de este importante metal. Ya habíamos advertido de la imposición de cargas fiscales a la exportación del metal a fin de regular el mercado, esto no solo se sostiene en la segunda economía del planeta, sino que se afianza al haberse incorporado otros metales a este esquema de operación.
China produce alrededor del 50% del tungsteno del planeta, e industrializa casi el 80%. Otros países como Canadá, USA, Vietnam y algunos más, no aumentan sustancialmente la producción, inclusive se notan bajas en la misma.
Mientras tanto el consumo aumenta sin freno, de la mano de las nuevas tecnologías de aplicación tales como los teléfonos celulares, las pantallas de TV modernas, la aeronavegación y hasta la ciencia médica en equipamientos.
Hay también un factor colateral, que es el imparable ascenso del precio del oro a nivel mundial, convertido en casi único recurso de ahorro de un mundo consternado, que no acaba de entender una crisis financiera, y ya se ve en las fauces de otra, y por ende encuentra refugio en el noble metal. Esto hace que el 85% de las inversiones en exploración del mundo minero se estén destinando al oro, dejando a otros metales sin recursos exploratorios a fin de ampliar reservas y producción, fuentes estas de regulación de los precios.
INDUSTRIALIZAR EN BOLIVIA
En febrero de 2010 el presidente Evo Morales Ayma recibió de manos del Señor Zenón Calla Vega, Gerente de la Comercializadora de Minerales COMERMIN, entidad de la FENCOMIN, Federación Nacional de Cooperativas Mineras, presidida en ese entonces por el Senador por Oruro, Hon. Andrés Villca Daza, la propuesta de un proyecto de industrialización de minerales de wólfram.
La carpeta contenía un proyecto por US$ 540,000 para construir una planta de procesamiento de minerales de wólfram, para su acondicionamiento para mercados de exportación a través del tratamiento del azufre y tras impurezas, y producción de ferrotungsteno, una ferroaleación ampliamente utilizada en la industria siderúrgica mundial, cuyo precio actual es de US$ 55 por kilogramo.
El proyecto recibió inmediata adhesión de parte del Presidente del Estado Plurinacional y comprometió el financiamiento para la concreción del mismo en beneficio de cooperativas mineras tales como BOLSA NEGRA, KAMI, TASNA, CHOROLQUE y otras, sumando miles de familias que viven de este recurso.
El objetivo era muy claro, un negocio de índole privado manejado por comercializadoras que compran a precios y condiciones poco ventajosas para los productores, y exportan ese importante recurso sin ningún valor agregado para Bolivia; prometía convertirse en un foco de desarrollo industrial para Bolivia, multiplicando trabajo y bienestar, como así también ingresos para todos los trabajadores.
El valor de la inversión es ínfimo comparado al potencial del mercado internacional que se alcanza agregando valor, el solo convertir a ferrotungsteno la mitad de la producción de Bolivia significan hoy US$ 25 MILLONES, más la otra mitad como concentrado de calidad internacional, habrían significado otros US$ 15 MILLONES, ingresando a Bolivia durante el 2011.
El proyecto se encamino inmediatamente y una empresa Argentina con profesionales italianos proveyó la ingeniería, financio con recursos propios y construyo la planta pequeña, pero suficiente para procesar las 1000 toneladas anuales de producción boliviana, con integración nacional reduciendo el costo de la inversión a US$ 370,000.- y se termino a mediados de agosto de 2010.
A partir de ese momento comenzó la presión de grupos de poder privado minero. El ver que un negocio de varios millones de dólares anuales, pasaba a escabullirse de sus manos para pasar a un sistema de autogestión de una organización de amplia índole social y productiva; marco inicio de una campaña feroz para causar dudas, celos y fracturas en el consenso general sobre el proyecto, a pesar de que el mismo había sido aprobado y recomendado por el Ministerio de Minería y Metalurgia.
La generación de intereses particulares en los diferentes actores, lleva ya un año de boicot a la operación de la nueva planta, y sigue preservando intereses mezquinos en contra del desarrollo nacional.
Lamentablemente esto hizo que cumpliéndose esta semana un año de la fecha de finalización de la instalación de la planta, la misma se encuentre abandonada, y lo que es aún peor, sitiada por los enemigos del desarrollo nacional, los que además promovieron que la misma se tome por miembros de una comunidad campesina de Viacha, para ser utilizada con otros fines y así asegurar el fracaso del emprendimiento.
La desinformación de las bases de las organizaciones mineras cooperativas, hace que nadie sepa lo sucedido con este proyecto y que nadie, ni aun los nuevos dirigentes ni autoridades que fueron notificadas, tengan interés en la puesta en marcha del proyecto.
Las instalaciones abandonadas se oxidan, mientras que los precios internacionales alcanzan precios record históricos, el wólfram es, una vez más, un negocio para muy pocos y penuria y sacrificio para muchos en Bolivia, lamentablemente una historia que se repite.
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