jueves, 22 de diciembre de 2011

MINERIA Y DESARROLLO EN BOLIVIA: LA LIMITANTE DEL AZUFRE

Comenzaremos diciendo que: el ácido sulfúrico es básicamente un ácido mineral producido a partir de
procesar azufre, convertirlo en gases, para luego hidratar esos gases con agua. Diremos también que
es el producto químico de mayor producción a nivel mundial, con alrededor de 170 millones de
toneladas anuales y que las implicaciones del ácido sulfúrico en la vida de las sociedades son muy
importantes, al punto que un indicador de desarrollo de los países es su consumo de ácido sulfúrico.

Uno de los grandes consumos es la producción de ácido fosfórico (Bolivia cuenta con fósforo
inexplotado), a partir del cual se producen fertilizantes para nuestros agro alimentos, frutos y verduras
que consumimos a diariamente, así como también jabones y detergentes, y otros cientos de productos
como las sales y los químicos que hacen nuestra vida diaria más fácil. Existen otros de aplicación tan
importante como el sulfato de aluminio utilizado en la potabilización del agua que consumimos a diario
en nuestras ciudades y el sulfato de cobre que controla plagas en cultivos en todo el mundo, en fin son
innumerables sus aplicaciones.


Esta corta reseña, pretende aportar algunos datos a fin de desmitificar al ácido sulfúrico como símbolo
de narcotráfico. Sin ánimo de hacer apología de ese terrible flagelo, debemos considerar que el
consumo de ácido sulfúrico en esa actividad es ínfimo y reemplazable y que sin embargo la
industrialización de Bolivia se encuentra limitada y postergada en muchas áreas, la falta de ácido
sulfúrico desalienta las inversiones y desarrollo que tanto necesita Bolivia.

Bolivia no produce ningún reactivo o químico de base sulfuros, todo se importa con un drenaje
económico enorme. En el año 2008 las importaciones de sulfato de cobre, sulfato de magnesio, sulfato
de aluminio, sulfato de hierro, sulfato de plomo, sulfato de cromo, sulfato de zinc, sumaron cerca de
USD 43,900,000. En el mismo periodo las importaciones de otros productos como fosfatos de calcio,
fosfatos de sodio y otros sulfatos, alcanzaron los USD 19,900,000.-

Es decir, Bolivia importó en el 2008 unos 65 millones de dólares químicos producidos con ácido
sulfúrico y que se podrían producir dentro del país, con solamente contar con producción nacional de
este ácido en cantidad y costos adecuados.

Bolivia país rico en cobre, fósforo, zinc, hierro, aluminio, plomo, con cantidades como para producir
prácticamente todos estos productos industriales, pero además Bolivia cuenta con enormes reservas
de azufre natural, explotable a bajo costo.

Esto tiene un enorme valor estratégico, la fuente de materia prima está asegurada por mucho tiempo,
aún con perspectivas de exportación, Bolivia tiene reservas tan enormes, que el consumo en la
producción de ácido no afectaría a las mismas, estudios de “GEOBOL” hablan de hasta 50 millones de
toneladas en 12 distritos, desde San Pablo de Napa hasta Cerro Michina y sobre todo el distrito
Susana, todos en la Cordillera Occidental

La producción de azufre natural, independiza el desarrollo de la industria de Bolivia de los vaivenes de
los precios del azufre catalítico, la mayor fuente de provisión de materia prima para la industria mundial
de ácido sulfúrico. La industria podría desarrollarse con previsibilidad ya que la fuente de materia prima
tiene una base de costo productivo independiente de los mercados internacionales y de la
especulación del petróleo.

La producción de cobre en prácticamente todas sus formas, se hace tratando los minerales con ácido
sulfúrico y este tema merece un análisis especial. El cobre se ha convertido en uno de los commodities
metálicos más importantes del mundo y su valorización no cesa de la mano de la industria eléctrica y
electrónica.

Bolivia cuenta con varias decenas de yacimientos identificados con potencial económico, sin embargo
el desarrollo no llega. Los países vecinos, Chile y Perú, actualmente primero y segundo productores
mundiales de cobre respectivamente, no cesan de habilitar yacimientos y plantas de cobre, mientras
tanto la escasez, los costos, los trámites y controles del ácido sulfúrico mantienen postrada la
producción boliviana de este, hoy valioso metal.

La producción mundial de cobre actualmente es de 15,6 millones de toneladas y la demanda no cede,
sosteniendo los precios internacionales. Si bien los recursos de Bolivia no son del volumen de los
vecinos citados, hay prospectos e inversores listos para poner en producción proyectos por 20 mil
toneladas anuales de cobre refinado, generando exportaciones al país por 140 millones de dólares
sólo en esta primera etapa.

La valoración del zinc es otra deuda pendiente en tecnología minera, esta podría generar importantes
recursos, la recuperación del zinc por vía hidrometalurgia, además del valioso Indio contenido en
muchos concentrados de Bolivia que se van para ser procesados en el exterior, son un anhelo que
requiere en gran medida del ácido sulfúrico para su concreción.

Finalmente y no menos trascendental, es el uso del ácido sulfúrico en la producción de fertilizantes.
Los superfosfatos simple, triple, el fosfato mono amónico, el fosfato di amónico, el sulfato de amonio, el
sulfato de manganeso, el sulfato de zinc y otros nutrientes y micronutrientes requieren del ácido
sulfúrico para su producción.

Algunos hechos son irrefutables como consecuentes: Bolivia tiene los más bajos rendimientos
agrícolas de América, la menor aplicación de fertilizantes por hectárea de América, Bolivia no alcanza
la meta de Soberanía y Seguridad Alimentaria, tiene los fertilizantes más caros de América, totalmente
importados pues no produce ninguno de ellos, y todos estos hechos tienen consecuencias graves en el
desarrollo del país.

Como se ve, hay varios aspectos involucrados, el ácido sulfúrico puede generar industrias de
sustitución de importaciones por decenas de millones de dólares y puede a la vez generar desarrollo
en la producción de alimentos e industrias de alto valor agregado de exportación.
El ácido sulfúrico debe ser en Bolivia, como en los otros países del mundo, sinónimo de desarrollo y
crecimiento, no de narcotráfico y corrupción.

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